rus Русский
arg
Inicio
Eventos
Archivo de Eventos
Cursos de Ruso
Biblioteca
Sobre Rusia
Educación
Fotos
Links
Contactos
 
 
 
 

 

2007 ES EL AÑO DEL IDIOMA RUSO EN EL MUNDO

Un puente*

Amanecia, y en el horizonte se asomaban curiosas las puntas nevadas de las montanas, mientras que un arroyo de cristalinas aguas corria inquieto por las laderas. Alli, habia un inmenso bosque de arboles anosos, que habian sido testigos mudos de la vida apacible que se llevaba en la aldea donde nacio mi abuela. 

Sin embargo, y a pesar de que todo era calmo en apariencia, en el aire flotaba un sentimiento turbio. Es que los rumores de la guerra corrian tan rapido como el viento y el temor se instalo en los corazones de quienes disfrutaban de una vida pacifica.

Fue entonces cuando por las noches, el cielo oscuro se ilumino abruptamente con el fuego de las armas y en el dia, los estruendos reemplazaron al canto de las aves. La aldea donde mi abuela y su familia vivian tranquilos se transformo en un campo de batalla.

Cuando todo ya habia sido devastado y solo quedaba en pie la esperanza de un futuro incierto, impulsados por el deseo del progreso, iniciaron un viaje que cambiaria sus destinos para siempre...

En el otono de 1924, se despidieron, por ultima vez, de lo que hasta entonces habia sido su Hogar. El tren con destino a Holanda los esperaba.

Miles de familias llegaban a diario al puerto de Holanda. Desde alli, mis bisabuelos con su pequena ninita se embarcaron (junto con muchos otros) en “una cascara de nuez” que se balanceaba indefensa en la bravura del mar.

Durante dias y noches enteras no vieron mas que el agua del mar y el cielo. Era un viaje largo y cansador pero colmado de esperanzas.

Luego de tres prolongados meses de viaje llegaron a un pais extrano, distinto y lejano: Argentina.

La vida fue muy dificil los primeros tiempos. Al llegar, encontraron refugio en instalaciones cercanas al puerto de Buenos Aires hasta que un paisano conocido les ofrecio trabajo y pudieron construir con mucho esfuerzo una pequena casita al sur del riachuelo. 

Mi abuela siempre cuenta que su mama lloraba mucho. Le habian prometido que llegarian a un pais prospero y en su lugar solo encontraron un inmenso “pantano” con “barrios de hojalata”. A la tristeza de dejar la tierra que amaban se sumo la desesperanza de no hallar el progreso que buscaban y el temor de no poder realizar sus suenos. Pero ya, no podian volver...

Era invierno y una alfombra blanca habia cubierto completamente la estepa. Un gigante resplandeciente y glorioso con coloridos “sombreritos” aparecia imponente en el escenario blanco: era la Iglesia del pueblo, lugar de encuentro comun de locales y peregrinos.

A poca distancia de alli, habia nacido mi abuelo. En una aldea tranquila, pero laboriosa, de artesanos y campesinos.

Un dia, mi abuelo y sus padres debieron partir. Tuvieron que dejar su casa, parte de la familia quedo alli, pero llevaron consigo sus costumbres, su idioma y su capacidad de trabajo...

Pasaron muchos anos desde entonces. Con inmensa voluntad y dedicacion mis abuelos pudieron instalarse en el pais y formar parte de la realidad argentina. Junto con nativos, criollos e inmigrantes de otros paises del mundo colaboraron para construir la identidad Nacional: un mosaico de razas, culturas y religiones diferentes conviviendo juntas y en paz.

Aunque mis abuelos jamas pudieron volver a su patria, conservaron por siempre —como el mayor de los tesoros— su esencia; procurando reflejarla en las ensenanzas transmitidas, en su valentia, en su capacidad de esfuerzo y superacion, en su cultura y en el amor que siempre sintieron por lo propio.

Ellos fueron mis grandes maestros del idioma y la cultura rusa. Me ensenaban a traves de cuentos, anecdotas y refranes de sus padres y abuelos. Algunas historias eran alegres y muy divertidas, como la del caballo blanco que mi bisabuelo confundio con un fantasma cuando se le cruzo en el bosque una noche oscura, pero otras eran muy tristes porque hablaban de la guerra. Todavia hoy recuerdo sus relatos entre varenikis de papa y kapusta. 

Fue dificil imaginar, desde la lejania, a los protagonistas de aquellas historias asi como el modo en que en verdad sucedieron.

Sin embargo, algo de alli estaba muy cerca mio y vivo: el idioma ruso. El formaba parte del aqui y el ahora, estaba presente a pesar de la distancia y del paso del tiempo; se mantenia intacto y sublime y sus sonidos rememoraban una y otra vez aquello que se amaba. Es que, de alguna manera, a traves del idioma lograbamos trascender las fronteras de los paises.

El idioma ruso siempre represento un profundo sentido de identidad y pertenencia.

Por eso, para mi, aprender ruso es tender un puente que conecte mis raices con las generaciones venideras. Como argentina y latinoamericana siendo integrante de mi pais, soy, tambien, heredera de la cultura de un pueblo singular.

Hoy que mi abuelo ya no esta, su recuerdo sigue vivo en mi corazon y la herencia que el me deja es la mas preciada y valiosa que alguien me pudiera dejar: toda mi admiracion y respeto por su cultura y su pueblo.


******


...Esta historia no es para mi una historia mas. Es mi historia, la historia de mis raices, de quien soy. 
Muchas gracias por compartirla conmigo!!**

Pamela Cristina Romaniuk

*El 2.007 es el “Ano del Idioma Ruso en el Mundo”. Y, “Un puente” es mi pequeno y sentido aporte a tan valioso acontecimiento.

** Vaya toda mi gratitud a mi Maestra de ruso, la Sra. Noemi Iris Gay, quien hace aun mas apasionante la tarea de aprender y a Dimitry Shevchenko, con quien conoci el verdadero significado de la palabra “ñ÷àñòüå”.

 
2007_Rus